Entrevista a Matías Maito, en base a su intervención en el encuentro en la CTA A

Matías Maito dirige el CETyD –Programa de Capacitación y Estudio sobre Trabajo y Desarrollo – UNSAM, Licenciado en Ciencia Política de la UBA, magíster en Sociología Económica de EIDAES-UNSAM, fue funcionario del ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social).

  1. En un contexto donde el gobierno impulsa reformas flexibilizadoras y precarizadoras, ¿cómo creés que debería leerse hoy la disputa por el tiempo de trabajo? ¿Qué está en juego cuando hablamos de quién decide sobre los ritmos y los horarios?

La hipótesis sobre la cual venimos trabajando recientemente es que la cuestión del tiempo es una de las principales disputas actuales en el mundo del trabajo. Esto lo entendemos en tres sentidos principales.

La primera dimensión tiene que ver con cuánto vale el tiempo de trabajo. Sabemos que en nuestro país los trabajadores enfrentan un problema crítico de ingresos, y que el salario real del sector privado registrado está actualmente entre 15% y 20% por debajo de 2017. Este nivel encuentra un techo que le impone el Gobierno porque pone a los salarios como una de las principales anclas para combatir la inflación.

En segundo lugar, y muy vinculado con lo primero, surge la pregunta de cuánto se trabaja. Como consecuencia de la insuficiencia de los ingresos cada vez se trabajan más horas, ya sea a nivel individual porque se necesitan dos o más trabajos para obtener los ingresos necesarios para vivir; o desde el punto de vista de las familias, que suman más horas de trabajo, con personas que hasta entonces no se involucraban en el mercado de trabajo: las mujeres, los jóvenes en edad de estudiar o inclusive los jubilados que necesitan completar ingresos. Esto se ve con claridad en el aumento de la tasa de actividad, que representa a las personas disponibles para trabajar (ya sea que tengan un trabajo o lo busquen). Hoy en día ese indicador está en niveles muy elevados.

Por último, la pregunta de cómo se organiza el tiempo de trabajo. La jornada de trabajo tradicional se estableció temprano en el siglo XX en 8 horas diarias, y su característica principal es que el gobierno del tiempo durante esas horas es del empleador: es quien decide el ritmo, las pausas, la intensidad del trabajo. Actualmente encontramos que hay un colectivo de trabajadores que esperan otra cosa, tienen otras expectativas. Buscan tener más autonomía para organizar su tiempo de trabajo, conciliarlo mejor con su vida personal y familiar. En ese marco, es necesario darle una respuesta a esa necesidad en el marco de los derechos laborales.

  1. Muchos trabajadores/as buscan organizar mejor sus tiempos, pero a menudo eso implica quedar por fuera de la protección laboral. ¿Cómo pensás este dilema entre la fantasía del ser el «propio jefe» y la desprotección en términos de derechos laborales? ¿Es posible ampliar libertades sin trasladar más riesgos a los trabajadores?

Generalmente, el trabajo asalariado se organizó a partir de una suerte de intercambio entre autonomía/seguridad y riesgo. En pocas palabras, el trabajador en relación de dependencia acepta que durante la jornada de trabajo los tiempos los define el empleador, pero a cambio tiene asegurado un ingreso más o menos estable. En cambio, si un trabajador quiere tener mayor autonomía, es decir, si busca decidir cuándo trabajar o cuándo dejar de trabajar, tiene que desempeñarse de forma independiente. Quien trabaja por su propia cuenta tiene máxima autonomía, pero al mismo tiempo asume los riesgos altos, sujetos a variaciones en la demanda, por ejemplo.  Así se dio históricamente en el mundo del trabajo. Pero creemos que es necesario pensar estrategias para reconocer esas nuevas subjetividades de las que hablábamos, así como las demandas de mayor autonomía, pero dotarlas de más derechos. Ahí entra en juego la soberanía del tiempo, este concepto de la OIT que justamente consiste en que los trabajadores gocen de mayores niveles de autonomía para decidir cómo trabajar, pero sin dejar de estar protegidos. La búsqueda entonces tiene más que ver con transformar la relación de dependencia tal como la conocemos, sin desconocer el derecho del empleador a organizar la jornada, pero que para los trabajadores la autonomía no implique asumir mayores riesgos e inestabilidad de sus ingresos.

  1. En el trabajo que hicieron en el Cetyd muestran que es viable ampliar la “soberanía del tiempo en muchos sectores”. Si miramos hacia adelante, ¿qué caminos imaginás para construir una agenda de regulación que amplíe derechos en vez de recortarlos? ¿Dónde ves las oportunidades de cambio?

Uno de los hallazgos del trabajo que hicimos en el CETyD es que en Argentina ya hay un conjunto de trabajadores en relación de dependencia que tiene cierto nivel de autonomía sobre su tiempo de trabajo, y son aproximadamente un cuarto de quienes trabajan en el sector privado registrado. Pero, a su vez, entre aquellos que actualmente no gozan de esa posibilidad, prácticamente la mitad reúne condiciones objetivas para reconfigurarse hacia esquemas que les otorguen mayor autonomía (el 27% tiene viabilidad “media” y el 11%, viabilidad “alta”).

En principio, el documento propone que hay algunas condiciones que hacen más factible implementar esquemas de soberanía del tiempo: en general, en aquellos puestos de mayor calificación, en ocupaciones con tareas de dirección, administrativas o jurídicas. También encontramos mayor viabilidad en servicios asociados a la actividad primaria, como también en los servicios inmobiliarios y financieros. Si bien resaltamos algunas condiciones que vuelven más factible implementar esquemas flexibles a favor de los trabajadores, es importante destacar que en otros sectores donde los horarios son más “rígidos”, por las propias exigencias del servicio, también se pueden pensar alternativas. Por ejemplo, en el área de salud o en la industria.

En definitiva, nuestra idea fue mostrar que la soberanía del tiempo se puede volver algo concreto y que, de hecho, ya existe en nuestro mercado de trabajo aunque no necesariamente esté nombrada así.  En el documento “Dueños del reloj”, recogimos experiencias internacionales (tanto en países del norte como en Sudamérica) que seguramente puedan servir para empezar a discutir ideas. Se implementaron esquemas de soberanía del tiempo en Reino Unido, Australia, Finlandia, Países Bajos… pero también en Brasil, Chile y Uruguay.

En Argentina, la discusión debería partir de una modificación normativa, pero continuar en el marco de la negociación colectiva, lo cual no sería una novedad para un país como el nuestro, con una larga tradición de diálogo entre empleadores y trabajadores.

Artículo anterior Artículo siguiente