Y nos faltarán «las palabras para decirlo». Adiós Paolo

Francesco Raparelli (filósofo, docente e investigador en la Universidad Roma Tres, autor de Singolarità e istituzioni, entre otros)

En la vida, a veces se aprende a hablar una segunda vez, una tercera vez y así sucesivamente. A mí me pasó con Paolo Virno. Paolo Virno era filósofo, es decir, un artista de las palabras. Alguien que captaba cristales de pensamiento, una idea del mundo, en las reglas gramaticales. Alguien que nunca había perdido de vista lo que importa, es decir, que el pensamiento y la práctica son uno con las preposiciones: «con», «entre», «en medio». Se actúa y se piensa con los demás, entre los demás, en medio de una cosa y otra. En medio, sin principio ni fin.

Aula 6 de Letras, Universidad Sapienza, primavera de 1998. Para recordar el año 1968, presentamos el libro de Bifo dedicado a Potere Operaio. Apareció Paolo. Su cuerpo, sin más -tan alto. Pero el cuerpo con la palabra, con una palabra que sabía hacerse cuerpo con los gestos de las manos, con la voz y su volumen cambiante, impredecible. Filósofo del lenguaje, al lenguaje de Paolo le faltaba algo sin ver las manos y los brazos, con esos movimientos amplios, casi como si prepararan la escena del enunciado. «La inserción del lenguaje en el mundo», habría dicho él.

Ciertamente, Paolo había sido un militante subversivo, un «marxista impenitente», un «comunista sin ser de izquierdas». Y había pagado caro su militancia, en los años de la contrarrevolución y del encarcelamiento preventivo sin tregua. Las palabras de Paolo eran solo palabras, pero detrás de ellas estaba también la vida de toda una generación que había intentado la revolución. «Derrota», decía. Cierto, pero ¿a qué precio? Para ganar, la contrarrevolución italiana tuvo que imponer, maniobra financiera tras maniobra financiera, el declive del país. Si hoy Italia es la cola de Europa en lo que respecta a los salarios, si la economía sobrevive con el sector terciario precarizado y la construcción que envía a los mayores de sesenta años a morir en los andamios, si dos mil jóvenes formados al mes se marchan, es porque se ha necesitado una dedicación despiadada para derrotar la revolución.

Con Paolo inventamos, en Esc, la Libera Università Metropolitana. Con Paolo, con Toni, con Franco, con Benedetto. Y muchos y muchas más. El primer seminario fue inmediatamente después de la ocupación de Via dei Reti 15, en la primavera de 2005. El espacio aún era incómodo, utilizábamos una pequeña habitación desnuda. Discutimos sobre la acción innovadora, según Paolo. La acción innovadora no tiene que ver con el genio, el héroe, el visionario, no. Tiene que ver con aquel ser vivo que, para vivir, debe dar forma a su vida una y otra vez, crear, en cooperación con otros y otras, las condiciones de su propia existencia. La acción innovadora es necesaria cada vez que se trata de aplicar la regla compartida a un caso concreto; al aplicarla, en definitiva, también la creamos de nuevo. Diferencia en la repetición. O también: variación histórica de la naturaleza eterna que, para Paolo, son nuestras facultades específicas de la especie.

La academia italiana, es decir, la del país que fracasó por la contrarrevolución, acogió a Paolo tardíamente. No podía habría sido de otra manera. Con sus obras traducidas en todo el mundo, la jubilación le llegó pronto, demasiado pronto. Pero los estudiantes lo querían, en Calabria y luego en Roma Tres. Chicos y grandes, todos aprendían a hablar de nuevo con él. Cada curso, cada lección, exigía pensar en grande, pensar en serio. A pesar de la ANVUR (Agenzia Nazionale Di Valutazione Del Sistema Universitario E Della Ricerca) y la VQR, u otras siglas que tienen como objetivo la humillación de la vida asociativa.

Paolo aspiraba a un sindicato revolucionario del trabajo precario, mal pagado, migrante. Si, locos, fundamos las Cámaras del Trabajo Autónomo y Precario, también se lo debemos a ese documento, tan discutido, pero escrito por él hace más de veinte años… Che te lo dico a fare? (“¿Para qué te lo voy a decir?”). Nunca dejó de ser obrerista, a costa de enojarse con los movimientos recientes. No es que no reconociera el papel de las finanzas, la importancia de la renta inmobiliaria, la guerra y sus políticas presupuestarias: Paolo buscaba siempre la extorsión de la plusvalía. Pensándolo bien, era una forma de seguir pensando en el dos, el «doble poder», la «ciudad dividida». Filosóficamente: lo posible de lo real.

Ahora, sin Paolo, cerca de Raissa (Raissa Raskina, compañera de Virno), habrá que seguir buscando «las palabras para decirlo», precisamente esas, no otras. Será difícil, pero hay que intentarlo.

Publicado en Dinamo Press

https://www.dinamopress.it/news/e-ci-mancheranno-le-parole-per-dirlo-paolo-ciao/

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