
Las condiciones de nuestro vivir
Por CRISTINA MORINI (periodista italiana, investigadora feminista)
La siguiente propuesta, lanzada recientemente en Italia, resuena con necesidades comunes. Más allá de encontrarnos en una condición considerablemente peor desde el punto de vista socioeconómico y, al mismo tiempo, contando con nuestras propias vitalidades (quién dice, más valorables que el ánimo europeo actual); hay en esta propuesta un modo de convocar que no deja de interpelarnos. Mientras hay quienes esperan que los referentes políticos, en parte responsables de habernos entregado a este estado de cosas, despierten y nos prometan, como hacen los golpeadores, que van a cambiar, existe una potencia no representable, múltiple, que nos atraviesa transversalmente y no siempre encuentra los modos de reunión y expresión. De ahí el valor del texto de Cristina Morini, escrito en el marco de un espacio caro a la tradición operaista italiana, que bien podemos considerar hermana de nuestras mejores experiencias rebeldes.
Incluso en medio de la actual vorágine de incertidumbre, estamos seguros de que este verano se ha hecho algunas preguntas. Durante las fatídicas «vacaciones», casi la mitad de los italianos se quedó en casa (44%). Gratis, sin embargo, poco o nada, ya que muchos y muchas entre ellos siguieron trabajando, en las ciudades o en los centros turísticos, ocupados en servicios como camareros, barmans, cocineros, bacheros. Los que se desplazaron lo hicieron durante una media de ocho días, en el 28,5% de los casos alojándose en casa de amigos y familiares y en el 12,8 aprovechando una casa de su propiedad. Los hoteles no estuvieron ni cerca de completar sus plazas, mientras que sólo una minoría de viajeros recurrió a alquileres de corta duración como Airbnb (5,6%) o bed&breakfast (6,9). El coste medio de unas vacaciones típicas para un italiano se estima en unos 800 euros por persona, todo incluido (viaje, alojamiento, comida, ocio) (Fuente: Federalberghi, datos sobre el turismo italiano 2024).
Partimos de estas cifras porque de ahí parte nuestra primera reflexión, banal e intuitiva: en Italia hay un problema evidente de falta de dinero. Ustedes también se habrán preguntado por los salarios, los contratos precarios, el aumento de la inflación. Sobre el ahorro que se hace obligatorio incluso para las necesidades básicas, por no hablar del resto. Sobre los gastos de alquiler que se comen la mayor parte de unos salarios insuficientes. La escolarización y la sanidad, por su parte, son costes de vida a tener en cuenta, servicios públicos que distan mucho de ser completamente gratuitos, ambos progresivamente erosionados por la privatización, ya sea en forma de negocio educativo o en la forma aún más insostenible y odiosa de las visitas médicas, los exámenes clínicos, incluso la cirugía paga. Habrán observado el aspecto que han adquirido nuestras ciudades, concebidas como escaparates aptos para el paso, dispositivos anémicos desprovistos de alma, destinados a expulsar a los «pobres», a los «frágiles», a los que no compran, a los que no ganan y no consumen lo suficiente. La ciudad del trabajo asalariado se ha convertido en un lugar que exige mano de obra servil, mano de obra migrante, mano de obra negra, mano de obra invisible. La gratuidad prevalece a menudo sobre la propia precariedad y las condiciones de chantaje se han vuelto extremas.
Esta primera reflexión ya revela la profundidad del impacto del capitalismo en las mentes-cuerpos, insinúa una posible e inquietante transformación antropológica. Esto nos ha impulsado a pensar en las condiciones de vida actuales -en este país porque es donde estamos ahora- en términos más inspirados y rebeldes. Demasiado corto es el tiempo que el ser humano pasa en la Tierra para contentarse con sobrevivir, en medio de la injusticia y el miedo. El deseo y el placer, como el acceso a la cultura, la naturaleza y la belleza, son un derecho. El poder siempre se ha manifestado como control del placer. La negación del placer y de cualquier tensión hacia la felicidad es una poderosa herramienta para expresar formas de control social y político. El poder del deseo no tiene nada que ver -en la visión transformadora que intentamos alimentar desde hace tanto tiempo que casi se ha perdido en la memoria- con la posesión de mercancías, pero sigue siendo cierto que la represión de los antojos y las fantasías va acompañada de una narrativa de la escasez y de relatos completamente mentirosos, con la excepción evidente de la compatibilidad medioambiental, que, por el contrario, se omite. Todos los seres vivos están sujetos a las mismas limitaciones, robos y desautorizaciones. Los ciervos hostiles de la película Leave the world behind nos lo han susurrado. Podemos verlos descender al valle y encontrarlos en nuestros sueños, sentir su presencia, intercambiar los papeles.
Somos todos, animales y humanos, cuerpos y almas que sufren la violencia del presente. La acumulación nace del abuso, y hoy los beneficios alcanzan cotas sin precedentes. El aire y el agua escasean, pero el conocimiento que impulsa los universos financieros contemporáneos no conoce la escasez. Los cuerpos caen, las mentes corren el riesgo de ser modificadas por el contacto permanente con tantas prótesis digitales. Se niega el cuidado del planeta y la distribución de la renta, mientras se imponen imaginarios asfixiados e ideologías de postración. El mundo nos es arrebatado, se convierte en enemigo, en guerra, irremediablemente ajeno. No nos sustraemos de una libertad concedida sólo para ser más finamente «trabajados». Se nos obliga a nuevas formas de esclavitud y a ser «renunciantes abúlicos». Como escribe Mark Fisher, debemos asegurarnos entonces de «desidentificarnos de los planes de control» de tal forma que traduzcamos la situación en «algo más que una apatía infligida»[2]. Si en el pasado reciente decíamos que para definir una vida como digna eran necesarias hasta las rosas, y ese «lo queremos todo» representaba la idea de que el valor del mundo que nos rodea ya era también nuestro, y exigíamos su distribución, apuntando a la transformación de un sistema de producción demencial, hoy parecemos aceptar la mortificación de una dimensión bélica que, en la guerra que se avecina global, pone a todos en riesgo constante y aleatorio. Vidas que no cuentan.
Con todo este discurso, que adquiere tonos sombríos, corremos el riesgo de extendernos demasiado, así que tratemos de apretarnos: desde un punto de vista político, para empezar a darnos algunos objetivos para el año que con el otoño [en Argentina, la primavera] se reabre, sería importante, en nuestra opinión, empezar a contarnos cómo son realmente las cosas: ¿cómo es la vida en Italia? [¿y en Argentina y el resto de la región?] ¿Cómo está afectando a nuestras vidas el capitalismo actual? ¿Qué capítulos de nuestras vidas se han visto más sacudidos por la interminable crisis que se cruza con la guerra? Salarios, vivienda, salud, bienestar mental, opciones de autonomía: ¿cuáles son las condiciones de nuestras vidas? ¿Cuál es la condición social en la Italia contemporánea? ¿Qué experiencia estamos viviendo?
El colapso es posible. Es un presagio, fuertemente depresivo, que se agita en las sombras. Tanto más nos parece necesario oponerle un ejercicio colectivo de verdad sobre las políticas neoliberales: la lógica de los recortes para reparar la deuda pública que anula cualquier otro derecho universal, el «sueño del prisionero» que nos vemos obligados a vivir, el peso de la continua responsabilidad individual, nos llevan a pensar que es fundamental iniciar una investigación coral para reconstruir y finalmente declarar, nombrar, las condiciones materiales y simbólicas de nuestro vivir. Queremos pedirte que construyamos juntos un mapa, queremos pedirte que nos ayudes a armarlo, subdividiéndolo, ordenándolo en varias y distintas esferas (trabajo, vivienda, servicios sociales, gastos, deudas, relación con la ciudad, violencia económica, imaginarios, miedos…). Historias concretas, reales, los capítulos de una vida. Este tipo de proceso puede servir mucho para deconstruir el aparato ideológico que ha fabricado el «realismo capitalista» y sus endorfinas dopantes. Pensamos que la ausencia de palabras de verdad representa un bloqueo terrible y que hay que eliminarlo. Nos hemos acostumbrado demasiado al silencio.
Por ello, lanzamos la idea de investigar la situación social contemporánea pidiéndote que nos ayudes a componerla: escríbenos una carta (a effimera 2020@gmail.com) sobre un problema, el mayor al que te enfrentas debido a la coyuntura actual. ¿De qué se trata? ¿Cómo es? ¿Desde cuándo lo experimentas? ¿Ha empeorado y, en caso afirmativo, cómo? No se trata de una encuesta sociológica precisa, no nos interesa recopilar datos, cosa que no podríamos hacer, ni queremos identificar objetivos precisos. Pensamos que es mejor proceder por temas sin darnos límites precisos de edad, origen, situación laboral. Pensamos que la condición de malestar es común a todos y que adopta formas distintas, según los temas. Intentaremos captar, rastrear y tratar de «leer» estos aspectos.
Por otro lado, también nos gustaría indagar en las alternativas, en las vías de escape, en las conexiones, en lo que escapa a la dinámica ventrílocua de los anuncios publicitarios o de los reels que nos atrapan, sin culpa, en momentos tristes. Lo que vale de todos modos, lo que permanece, lo que nos hace felices de formar parte de una comunidad viva. Las formas de vida cooperativas y autoorganizadas. ¿Hay algún hacer comunitario que te/nos preocupe? ¿Dónde está? ¿Cómo es? ¿Qué prácticas conoces y pones en marcha para reaccionar, para resistir a la crisis, para gastar menos dinero, para estar menos solo, para redescubrir al Otro, a los Otros, no aceptando que todo sea triturado por máquinas cognitivas y, finalmente, hecho trizas? Y si todavía no hay Otro lugar, ¿cómo lo imaginamos?
Las condiciones de nuestro vivir, pero también, en definitiva, el vivir sin y más allá de las condiciones dadas.
Para construir este ambicioso proyecto, necesitamos a todos y a cada uno. Por ello le invitamos a una reunión abierta que se celebrará en Milán, en Cox18, el 5 de octubre a las 15.00 horas.
No es exactamente una reunión, ni una mesa redonda, ni un grupo de trabajo, sino el comienzo de un debate. En unos momentos, dicen, se podrá ver si puede haber atracción entre la gente. Dennos una tarde, dennos unas horas para contarnos una historia que nos ayude, mutuamente, no a compadecernos sino a avanzar, mirándonos. A redescubrir ese amor por el encuentro y por la vida, en todas sus formas, que siempre ha movido el universo.
«Quien es mirado o se cree mirado | levanta la mirada | responde con una mirada. Experimentar el aura de un fenómeno o de un ser es tomar conciencia de su capacidad de | levantar | responder con una mirada. Esta capacidad está llena de poesía. Cuando un hombre, un animal o un ser inanimado levanta su mirada bajo la nuestra, primero nos atrae; su mirada sueña, nos atrae a su sueño»[3].
Notas:
[1] Walter Bejamin, Il narratore in Angelus Novus, Einaudi, Torino 2014, p. 247
[2] Mark Fisher, Realismo capitalista, Nero, Roma 2018, p. 73
[3] Walter Benjamin, Charles Baudelaire. Un poeta lirico nell’età del capitalismo avanzato, a cura di G. Agamben, B. Chitussi e C.-C. Härle, Vicenza, Neri Pozza, 2012, p. 25
Publicado en EFFIMERA – https://effimera.org/le-condizioni-del-nostro-vivere-di-cristina-morini/
Imagen: EFFIMERA